Transparencia Internacional revela una incapacidad en la mayoría de los países para luchar contra el fenómeno. Venezuela y Nicaragua anotan peores cifras de la región. En tanto, Dinamarca figura como el país menos corrupto del mundo.

La lucha contra la corrupción mundial se ha estancado. Esa es la principal conclusión del último Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), elaborado cada año por Transparencia Internacional (TI), que revela además una incapacidad en la mayoría de los países para controlar este fenómeno, lo que genera una creciente crisis de la democracia en el mundo.

Entre los 16 países que registraron un aumento en sus niveles de percepción de la corrupción y, por ende, un deterioro en el Índice, está Chile, junto con Australia, Turquía, Hungría, entre otros. Si bien Chile mantiene 67 puntos y es considerado como uno de los países menos corruptos de Latinoamérica, cae al puesto 28 (27 en 2017). “Desde 2012, Chile, México y Nicaragua han visto una fuerte disminución en sus puntajes respectivos, al no lograr un progreso significativo contra la corrupción”, sostiene el informe.

Transparencia Internacional comentó por escrito a La Tercera que este deterioro en el índice se debe a que “en los últimos años, Chile ha experimentado grandes escándalos de corrupción en sectores altamente respetados, tradicionalmente considerados libres de corrupción, como la fuerza policial chilena”.

El investigador de Diálogo Interamericano, Bruno Binetti, señala que “lo que cambió en Chile es una serie de escándalos de corrupción, como SQM, el caso de Dávalos, en Carabineros, que debilitaron la confianza de los chilenos en sus instituciones”.

El IPC de 2018 midió a 180 países, asignándoles una puntuación entre 0 (corrupción elevada) a 100 (transparencia elevada). Más de dos tercios de las naciones analizadas obtuvieron menos de 50 puntos. Venezuela y Nicaragua tienen las peores puntuaciones de la región. Dinamarca, en tanto, es el país menos corrupto del mundo.

El informe hace un especial hincapié en la situación de Estados Unidos, al catalogarlo dentro de los “países que es necesario observar”, junto con Brasil y República Checa. Estados Unidos cayó cuatro puntos con respecto a 2017 y alcanza su puntuación más baja en siete años. Así, EE.UU. salió del grupo de los top 20 por primera vez desde 2011. Según TI, este declive en el puntaje llega “en un momento de creciente sentimiento populista nativo, un aumento en los delitos de odio, una polarización política mordaz y el cierre de gobierno más prolongado en la historia” de ese país. En ese sentido, la ONG advierte que “si esta tendencia continúa, indicaría un grave problema de corrupción en un país que ha tomado la iniciativa en el tema a nivel mundial. Esto enviaría un mensaje negativo a la región y a otros lugares”.

Brasil también es un caso para poner atención, debido a la influencia regional y mundial que ejerce. Perdió dos puntos en 2018, alcanzando 35 puntos, su nivel más bajo en siete años. Aquello se debe, en gran parte, al caso Lava Jato. Sin embargo, TI advierte que pese a que Jair Bolsonaro asumió la Presidencia de ese país con el fin de llevar a cabo una lucha contra la corrupción, “ha dejado claro que gobernará con mano firme, lo que representa una amenaza para muchos de los hitos democráticos que ha logrado el país”. Además, Bolsonaro se ha visto salpicado por un caso de corrupción y evasión fiscal protagonizado por su hijo, lo que influiría en las proyecciones para el caso brasileño.

Fuente: La Tercera