Con la controversia –en pleno desarrollo– sobre la fecha para la reapertura presencial de los colegios, un estudio publicado en “The Lancet” revela quiénes son los más contagiadores y quiénes las personas más vulnerables. 

Isabel Frías 

Periodista U.C. 

Aunque el Colegio de Profesores ha entregado opiniones en diferentes direcciones –más rígidas, aliniciomás flexibles ahora–, los alcaldes han buscado un asesoramiento más científico para ir evaluando la fecha en que se retomarían las clases presenciales en los colegios subvencionados con dependencia municipal. 

No obstante, desde el punto de vista sanitario, el tema es bastante más complejo: El impacto de la pandemia no es lo mismo para un profesor mayor de 50 años que para un alumno de 12, y tampoco para “los tíos del transporte escolar” ni los padres o apoderados, donde suele haber todo el amplio espectro de edades. 

Como dijo la doctora Izkia Siches, presidenta del colegio médico, cuando corrigió al Ministro de Salud: “Niños, niñas y adolescentes sí se pueden infectar de covid-19 (…) y pueden transmitirlo”. 

En otras palabras, en esta discusión todos tienen una parte de razón: Todos se pueden contagiar, pero a “algunos” esa enfermedad los lleva a la muerte y otros ni siquiera presentan síntomas. Ahí está el punto de aparente desencuentro. 

JAMA PEDIATRICS 

Algunos estudios científicos evidencian que los niños, en general, son bastante resistentes al coronavirus y que su contagio podría ser un 40 a 50% menor que en los adultos, de acuerdo a lo publicado online el 28 de agosto de 2020 por JAMA Pediatrics, una de las revistas médicas más prestigiosas a nivel mundial. 

Esa investigación fue liderada por Roberta L. de Biasi y Meghan Delaney, quienes evaluaron los datos de niños atendidos en 22 hospitales de Corea del Sur y concluyeron que los niños y jóvenes contagiados son grandes transmisores del virus. 

Según el estudio, alrededor del 22% de los niños no desarrollaron síntomas, el 20% eran inicialmente asintomáticos, pero desarrollaron síntomas más tarde, y el 58% presentaban síntomas en su primera prueba. La duración de los síntomas también varió mucho: de tres días a tres semanas. 

Una quinta parte de los pacientes asintomáticos y alrededor de la mitad de los pacientes sintomáticos aún emitían virus del SARS-CoV-2 después de tres semanas, aunque ello no refleja directamente el nivel de infecciosidad.  

THE LANCET 

El Ministro de Salud, Enrique Paris, en tanto, precisaría posteriormente sus dichos respecto del coronavirus en niños, niñas y adolescentes: “No hay temor respecto a eso, pero sí transmiten mucho la influenza”. 

El colegio médico, sin embargo, ha preferido apoyarse en una publicación en “The Lancet”, el medio científico más relevante en el campo de la medicina. Dicha investigación es, hasta ahora, la más citada internacionalmente cuando se aborda el complejo tema de los menores de 18 años y el covid-19. 

Dicho estudio fue realizado en la ciudad china de Wuhan entre diciembre de 2019 y abril de 2020, período en que se analizaron 29.578 casos presentes en 27.101 hogares. “Utilizamos un modelo de transmisión estadístico, para estimar tasas de ataque secundario y para cuantificar los factores de riesgo asociados con la infectividad y la susceptibilidad a la infección”, detallaba la publicación. 

Bajo ese esquema de trabajo, los investigadores determinaron que los niños y adolescentes menores de 20 años presentan un 58% más de probabilidad de contagiar que los adultos de 60 años o más. Pero, además, los antecedentes recogidos indican que los bebés menores de un año tienen el doble de posibilidades de infectarse, que aquellos que tienen entre 2 y 5 años. 

Hay que enfatizar el carácter domiciliario del contagio infanto-juvenil, lo cual tiene toda lógica ya que los pequeños están forzados a estar donde los mayores lo determinen y esos espacios son principalmente el propio hogar, los jardines infantiles y los colegios. Y bajo cuarentena obligada, ese espacio se limita de manera exclusiva al domicilio o residencia. 

En una primera interpretación, se entiende que de permitirse que los niños asistan a guarderías y establecimientos educacionales los adultos que se relacionen con los menores podrían estar más expuestos a contagiarse y enfermarse de covid-19.  

“Eso es válido para lugares donde no se apliquen protocolos sanitarios”, sostienen desde el ministerio de educación, entidad que es pro-vuelta a clases presenciales y dueña de triple preocupación: El impacto negativo de la pandemia sobre el aprendizaje de los alumnos, la máxima alerta por la deserción escolar de los alumnos más vulnerables y las (lamentables) consecuencias de sociabilidad y desarrollo sobre una generación entera de adolescentes.  

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