De acuerdo a la disciplina que estudia los biorritmos del organismo humano, las personas deben tomar ciertas precauciones ante el ajuste horario que se realizará este sábado 5 de septiembre. Dentro de los grupos potenciales de riesgo también están quienes trabajan en modalidad presencial y régimen de turnos: Militares, personal médico, profesionales de la minería y medios de comunicación.  

Isabel Frías 

Periodista U.C. 

Adelantar en 1 hora el reloj llegadas las 12 de la noche: Ésa es la tarea que deberemos realizar este sábado, todos quienes vivamos entre Arica y Aysén. 

Una rutina a la cual los chilenos estamos acostumbrados, dado que nuestro ordenamiento ajusta las horas tanto al inicio de cada otoño y también en los días previos a la llegada del equinoccio de primavera. 

El concepto que existe tras esta medida es aprovechar —al máximo— la fuente de luz natural, particularmente para sortear la baja exposición solar que se genera durante los meses más fríos (y oscuros) del año. 

EFECTOS EN LA SALUD 

Si bien en el pasado nadie cuestionaba estos cambios, ahora existe otra tendencia cultural sobre este tema. De hecho, existen disciplinas específicas que estudian lo que se conoce como los “ritmos circadianos” del organismo humano y que, popularmente, se denomina “biorritmo”. 

Los estudios científicos en ese campo afirman que —las correcciones “por secretaría” de los husos horarios— generan en algunas personas alteraciones relevantes en su metabolismo, modificaciones en las rutinas de sueño y descanso, molestias durante el estado de vigilia e incluso se habla que ciertos grupos específicos pueden potenciar estados de depresión latentes o previos. 

No obstante, todo esto se ha estudiado —coinciden los expertos en salud mental— en épocas normales o habituales; la pandemia del coronavirus y las extensas cuarentenas añaden un elemento que puede agravar la salud de aquellas personas que están confinadas y sufrirán otro 

embate sanitario por efecto del cambio de hora. 

Se trata, no obstante, de un efecto transitorio que podría prolongarse solo a lo largo de unos cuantos días. Pero, de mantenerse un cuadro de molestias y alteraciones, podría requerir una consulta médica más rigurosa. 

Un grupo directamente afectado está compuesto por quienes trabajan, de manera presencial y que efectúan turnos, como por ejemplo profesionales ligados al área de la salud, los medios de comunicación, personal uniformado y trabajadores de la minería. 

En estas personas se podrían presentar desajustes del sueño, los cuales tienen impacto directo sobre los estados de vigilia (cuando se permanece despierto) que suele evidenciarse en una baja en el estado de ánimo, la energía basal, hormigueo en los ojos y dolores de cabeza. Todo ello, indudablemente, se refleja de manera directa sobre la productividad durante un período, promedio, de hasta dos semanas posteriores al cambio de horario. 

LOS MAYORES Y MÁS PEQUEÑOS
Un panorama diferente enfrentan los niños y los adultos mayores, debido a que este grupo de personas no se ha mantenido con horarios de trabajo presencial, sino que por efecto de la pandemia han debido mantenerse en casa. 

Esto último no debería, por sí mismo, constituir una desventaja: El problema se da en aquellos que no han llevado “rutinas de normalidad” ni horarios de hábitos y rutinas. En otras palabras, se han dedicado a dormir a cualquier hora que les llegue el sueño, ingerido sus comidas cuando los alerta el hambre. No pocos —además— han caído en comportamientos errados como “no ducharse ni tampoco vestirse” con ropa diferente cada jornada, que es el piso mínimo de las rutinas que mantienen a raya la salud mental. 

Para los adultos a cargo de menores de edad, incluidos los adolescentes, la tarea primordial será a partir de hoy mismo generar una vuelta paulatina a los hábitos pre-pandemia, porque en ellos los efectos pueden ser más persistentes y demorar en ajustar su reloj biológico.  

Al menos debieran generar horarios para acostarse, levantarse, alimentarse y ejercitarse estando en casa. 

A los mayores de 65 años se les recomienda consultar a su médico de cabecera. Que en el caso de quienes se atienden bajo el sistema público de salud, tienen la ventaja de la línea telefónica gratuita. En Tarapacá pueden consultar al 800-360-075 y los profesionales que allí atienden podrán hacer una evaluación certera, caso a caso.

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