La crisis sanitaria se convertirá en una crisis alimentaria

A 67 millones de personas se elevaría el número de latinoamericanos que pasará hambre o no podrá consumir el mínimo de calorías diarias, durante el 2020. El líder de la FAO para la región ha alertado, sin rodeos, que la “crisis sanitaria se convertirá en una crisis alimentaria”. 

Isabel Frías 

Periodista U.C. 

Al despedirse el mes de julio, muchas entidades internacionales han hecho un revelador balance sobre el impacto que la pandemia por el coronavirus ha tenido en diferentes áreas del quehacer humano. 

Lamentablemente, uno de los más desoladores ha sido el balance efectuado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO.  

Porque -a pesar que América Latina tiene una capacidad reconocida para autoabastecerse de alimentos- desde hace cinco viene mostrando un incremento constante en los indicadores de personas que sufren de hambre. 

No se trata de un eufemismo ni una “manera de decir”. La cruda realidad dice que durante el 2019 la falta de alimentos impactó ni más ni menos que a 47, 7 millones de latinoamericanos, según la autoridad mundial en la materia. Y desde 2015 el porcentaje de población que sufre desnutrición ha vuelto a crecer tras años de descenso, donde los niños y las mujeres resultan ser los más afectados, y cuya situación es más crítica por razones culturales que impiden el acceso a redes de contención y apoyo. 

Sin embargo, esos 47,7 millones de personas afectadas por alimentos o, derechamente, por hambre” fue un número anterior a la pandemia y, tanto la FAO como la reconocida  

Red Global contra las Crisis Alimentarias, han reconocido que la presente pandemia ha elevado estas cifras, pero el catastro aún no termina por construirse porque el drama está en pleno desarrollo. 

ALIMENTOS MUY CAROS 

El representante de la FAO para América Latina, Julio Berdegué, reconoció que las cifras del hambre eran «escalofriantes». En su análisis el profesional afirma que este escenario se han confabulado varios factores: “En primer lugar, a un débil crecimiento económico y al problema de desigualdad estructural de nuestra región», dijo, mientras alertó que en América Latina la llamada “inseguridad alimentaria” se ha incrementado en valores y ritmos mucho más altos y preocupantes que el resto del mundo. 

Según Berdegué, la pandemia del coronavirus aumentó el número de personas incapaces de consumir las calorías necesarias para una vida saludable y, las proyecciones conservadoras de la FAO, indican que América Latina alcanzará los 67 millones de habitantes que no tienen cómo alimentarse adecuadamente, una vez que se cierre este año. 

Cabe señalar, a la luz de las cifras del organismo de Naciones Unidas, que esta región específica del mundo es la que exhibe el costo más alto para acceder a una dieta saludable, con un valor promedio de 3,98 dólares por día (3 mil pesos chilenos, aprox.).  

Esos tres mil pesos es 3,3 veces más caro que lo que una persona bajo la línea de pobreza puede gastar en alimentos, según la entidad internacional. 

Los niños y las mujeres resultan ser los más afectados

«Tenemos un mundo de gente que no tiene ingresos para comer siquiera las mínimas calorías para poder sostener su vida, su actividad física y tenemos otros 104 millones que tampoco le alcanza sus ingresos para alimentarse saludablemente», dijo Berdegué.
Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que el coronavirus provocará una caída histórica de la economía en 2020, que “llevará a la peor crisis social de la región en décadas, con millones de nuevos pobres y desempleados”.  La FAO ha precisado ese diagnóstico, afirmando que «la pobreza 2020» se reflejará en primerísimo lugar en no tener cómo adquirir alimentos.  

Sin ambages rodeos, Julio Berdegué sostiene que para los latinoamericanos “la crisis sanitaria se convirtió en una crisis alimentaria».

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