El coronavirus nos privó este año de saludar presencialmente en el Santuario del pueblo de La Tirana a la Reina del Tamarugal, pero la pandemia no ha evitado que los peregrinos eleven sus oraciones y sigan virtualmente desde sus casas, el programa que todos los años convoca cientos de miles de creyentes.

Mario Vergara

La fiesta de la Chinita del Carmen es conocida universalmente por el mundo cristiano, pues su mensaje atravesó los mares y cruzó montañas.
Como señalan los registros, en países muy lejanos se escucha hablar de leyendas. De un pueblo, donde el desierto florece perdido en la soledad y que a mediados de Julio, con un sol de primavera, se junta para danzar a su reina: “La Tirana”, la Virgen del Desierto.

Este año 2020 será diferente por las barreras sanitarias en torno el pueblo, para evitar contagios y proteger a los peregrinos.
Cuenta la gente que baja de la cordillera y sube del mar, y llegan a ver la imagen de la Virgen quedan impactados, encandilados por esos ojos negros que brillarán en sus almas para siempre.

Esa Virgen del desierto que protege al caminante, auxilia a ese que sufre, da luz a los que no ven, que su senda es el camino y su mirada la luz.

Y son esos caminantes que hasta sus plantas se arrastran con la sencillez del humilde y la bondad de quien ama bien. Ella los comprende y con su hábito milagroso calma todas las tristezas y envuelve las amarguras con su manto de amor que cubre toda su tierra.

En tiempos normales, llegaban todos jubilosos a venerar a la Virgen de La Tirana. De países cercanos y de otros muy lejanos vienen tantos peregrinos que es difícil de contar. Todos con un mismo anhelo, con un solo deseo: honrar a la Virgen de La Tirana, que es su reina espiritual, destacando nítidamente los Bailes Religiosos con sus vestimentas multicolores.

Llegan todos con sus hábitos multicolores tan distintos, pero con un mismo fin: rendirle devoción a la Virgen del Desierto. Así se ve a Promeseros, Gitanos, Cuyacas, Chunchos, Morenos, Pieles Rojas, Chinos y las Diabladas. Contarlos es muy difícil; son más de 220 bailes que subían a la pampa a esperar su turno. Cada cual trae su banda, sus danzas, sus bailes y su amor por La Tirana.

Llegan por ese camino que está marcado de cruces. Con bombos y tambores, con carpas y vestidos, con todo lo que traen para honrar a la Reina de sus Cantares.
Subiendo y bajando cuestas. Felices arriban caminando y en buses hacia su fiesta. Cubiertos de polvo, con hambre, sed y fatiga. Pero nadie probará bocado, ni nadie descansará sin saludar a la Virgen.

De rodillas y temblando se acercan a La Tirana. A veces hablando fuerte y otras murmurando. Ante la imagen sagrada, todos se postran orando. Con lágrimas de alegría expresan la dicha inmensa de poder tocar su manto y poder besar sus pies.

Sus gargantas se anudan al mirar a su Chinita. Hasta la imagen parece cubrirse con la emoción y los ojos de la Virgen parecen ascuas de fuego que se encienden al mirarla sostenidamente.


Al arribar al pueblo, al llegar a la zona del Calvario, las cofradías cantan con alegría por la paz.

En medio del desierto


El pueblo de La Tirana se encuentra en la comuna de Pozo Almonte, a 74 kilómetros al interior de Iquique. Está rodeado de tamarugos, de pimientos y de acacias. Es un pueblo pequeñito que brinda hospedaje a todos los que llegan. Casas de adobe o madera, en calles bien delineadas, que terminan mirando la Iglesia.

Durante once meses del año, el pueblo se ve desolado. Pero cuando llega julio todo cambia y resucita. Como por gracia bendita la Virgen tiende su manto y llegan los peregrinos.
Es el mes en que La Tirana abre sus puertas a todos los visitantes. Como por arte de magia se habitan todas las casas. Se construyen otras nuevas. Se alzan carpas y hospedaje dispuestos de mil maneras. Se instalan cocinerías, donde no se olvida nada; desde el conejo o llama picante. El olor a sopaipillas, empanadas de horno y carne a la parrilla, penetra en el aire y se aleja.

Un comercio heterogéneo se ubica por todas partes. Se muestran y se vocean ponchos, chalecos, choapinos, estampas, escarapelas, collares de cuentas raras, figuras de porcelana; de yeso, de madera; radios, lápices, quitasoles e impermeables.

Un enjambre multicolor de variados productos que venden bolivianos, peruanos, chilenos y taiwaneses. Así es la feria popular que rodea a La Tirana.

Con la mente en La Tirana

Todos los promesantes viven con la mente puesta en La Tirana. Especialmente los integrantes de las Hermandades o Sociedades de Bailes, que viven casi todo el año pensando sólo en La Tirana. Las Cofradías tienen sus redes sociales, con sus imágenes y estandartes que cuelgan de las paredes.

Llegar al Santuario en buenas condiciones musicales, rítmicas y de vestuario, es el objetivo de los promesantes, y conseguirlo pone muchas horas de reuniones para coordinar el trabajo. Impone la organización de rifas y beneficios que proporcionan fondos necesarios para financiar los cinco días de romería.

Dicen que los promesantes; los que animan Hermandades o Cofradías; los que tocan en las bandas de bronces y animan las diabladas, que viven en un sortilegio maravilloso. Que comienzan 90 días antes de ir a venerar La Tirana.

Es así, como entre nervios y alegrías, se preparan sin descanso. Cuidan de cada detalle. Pasan noventa noches cantando, danzando, soplando pitos, flautas iqueñas. Son noventa noches soñando con esa aurora de julio que hace salir a la Virgen para recorrer su pueblo y saludar a sus fieles.

En esos tres meses de nervios, se reúnen en tantas partes, en tantas Hermandades ñeque se congregan de noche para bailar, tocar y vivir en esa mística que despierta La Tirana.

El sol y el frío

La estada en La Tirana no es fácil. Agrupados en campamentos de carpas o reunidos en las casas del pueblo, pernoctando en dormitorios colectivos diferenciados sólo por sexos, los peregrinos sufren el sol del desierto y el intenso frío pampino.

Pero cada año, son más y más los que llegan. Viajan centenares de kilómetros. Provienen de Arica, Iquique, Antofagasta, Calama, Santiago, Concepción y tantos otros lugares de Chile, como también de todos los países vecinos.

Al llegar a La Tirana todas las Hermandades Religiosas de Baile inician sus homenajes en el mismo lugar. El Calvario: donde comienza lo sagrado; donde se deja lo profano. Así se entra en un tiempo y un espacio donde lo nuevo, lo diferente es posible. Este entrar en “lo sagrado” se concreta en torno al Santuario y a la Virgen de La Tirana.

En el perímetro del pueblo de La Tirana, se halla el Calvario o la Ermita. El Cristo, frente al cual los grupos de bailarines realizan el primer ritual.

El saludo inicial constituye el momento crucial en que se deja lo profano para vivir lo sagrado. Este saludo lo realizan las Hermandades frente al Calvario. Se acerca en procesión, presidido por el estandarte del grupo; más atrás avanza la imagen que pertenece a la institución; les siguen la banda, los músicos, los bailarines y demás hermanos de la Cofradía. Este inicio en la Ermita del Cristo significa como en torno a Cristo está lo bueno, el orden y la perfección; mientras que fuera de Cristo está el pecado, el desorden, el caos.

Los peregrinos saludan

Por su parte, los peregrinos también entran en lo sagrado, saludando en la Ermita. En forma individual o en grupos pequeños los peregrinos no escatiman sacrificios para cumplir con sus mandas. Se arrastran hacia la Virgen por esas calles del pueblo. Algunos van de rodillas, otros reptando vientres. Las espinas y guijarros desgarran la piel que avanza. Pero ellos quieren sufrir el dolor de esas heridas que van arrancando el llanto que le ofrecen a la Virgen.

El dolor es el que ofrecen; lentamente avanzan y reptan, sufriendo cada centímetro, gozando cada dolor. Así llegan a la Virgen milagrosa y cuando besan sus pies olvidan tantos dolores y sienten la felicidad de haber cumplido la manda.

El canto de la primera entrada se realiza en la Ermita al entrar al pueblo. En todos los cantos, saludos y homenajes se mantiene la misma formación. Y así es como bailarines que avanzan en forma ordenada, creando una estudiada coreografía, llegan a la primera entrada, en la que habitualmente cantan y recalcan “Déjanos pasar”, quedando atrás lo profano para llegar a lo sagrado, donde es posible encontrar a Dios y “lo sagrado” tienen un sitio en el pueblo.

Y así van “paso a paso” a lo sagrado, llegando a la sublimación de lo espiritual al enfrentar a la Virgen.

Y así, cantando y bailando, cada grupo llega hasta el pórtico del Templo, descansa y espera su turno. En el interior del santuario, los distintos grupos saludan.

Cuando les llega su hora, inician su ingreso al Templo. Mezclados con devotos y turistas, los bailarines entran cantando, tocando y danzando con túnicas multicolores, en ritmos muy bien marcados.

Sus cintas multicolores, se mueven al ritmo de la cadencia de la danza que van armando, entrelazando sus pasos, armando muchas figuras mientras imploran al niño Dios la bendición de su madre.

Esas voces se elevan colmadas de sentimientos, mientras marcan con destreza los pasos que el Caporal va guiando.


Canto de la tercera entrada

Es el canto que se realiza al enfrentar la imagen; al llegar y honrarla, agradeciéndole poder estar con ella. Pidiéndole de corazón que el próximo año les permita volver de nuevo a venerarla.

Ante la imagen los bailarines se rompen danzando y cantando al ritmo de La Tirana: Promeseros, Gitanos, Cuyacas, Indios Siuox, Chunchos, Pieles Rojas y otras Hermandades, enfrentan a la Virgen con sus mejores cantos y bailes. Las Diabladas no se dan descanso y bailan hasta el amanecer.

Al finalizar el canto, los bailarines, músicos y los integrantes del grupo van saliendo sin dejar de mirar la imagen. Una música alegre acompaña esta despedida que será por algunas horas, porque al día siguiente irán de nuevo a venerar a La Tirana.

El mismo ritual. Igual de día, tarde y noche se vive en el Templo cuando las Cofradías van a saludar a la Virgen bailando y entonando los “Buenos Días”, “Buenas Tardes” y las “Buenas Noches”. Estas ceremonias no demoran más de cinco minutos, debido a la gran cantidad de Hermandades que esperan su turno.

La bajada de la Virgen

En la mañana, en el interior del Templo se inicia la Bajada de la Virgen. Un ritual que consiste en descender la imagen de Nuestra Señora del altar mayor. Miles de fieles quedan fuera del recinto sagrado. Se baja la imagen, desde cuyo pedestal cuelgan innumerables cintas de diversos colores que caen sobre los fieles, deseosos de alcanzarlos. La lluvia de cintas es la lluvia de gracias que concede la Virgen a quienes la llevan y están con ella en ese día. Simbolizan la lluvia de beneficios que reciben los que la veneran.


EL 16 DE JULIO

Ese día tan esperado, el 16 de julio, promesantes, fieles y Hermandades todos celebran el día cantando.

Cuando la Virgen de La Tirana desciende del altar, todo el pueblo se emociona. Los sones del Himno Patrio se esparcen por montes y serranías.

Todos escuchan y agradecen a la Virgen y a su Templo; se llevan dentro del alma esa oración de esperanza que un hombre desde una cruz entregara a todo el mundo.
Cuando han bajado a la Virgen, la revisten con un manto nuevo y le instalan su corona de joyas, regalos de sus devotos.

La Misa

En el pórtico del Templo se celebra la misa. En la puerta del santuario aparece la imagen de la Virgen del Carmen. En ese instante caen desde la bóveda de la Iglesia una lluvia perfumada de pétalos de rosas y flores variadas, estallando el aire con múltiples petardos.

La procesión

En la tarde del 16 de julio se realiza la tan esperada procesión, ha sido fijado con anterioridad. Cada Baile religioso sabe donde debe ubicarse.
Llegan a la Iglesia las Hermandades con sones de flautas y pitos. Al ritmo de tambores llegan cantando.

Y así arriban al templo con el ritual de su danza, con los sones de su baile. Reluciendo sus tenidas como abanicos al sol. En el aire está su ritmo y entre saltos de alegría saludan a la Virgen tan querida, que cuando sale del templo la transportan con amor. Y mientras la van llevando, muy felices.
El orden de la procesión es simple; la encabeza el anda de San José, esposo de María; más atrás el de Jesús de Nazareno, y finalmente la imagen de la Virgen de La Tirana. Después vienen las Hermandades que encabeza el Baile Chino Nº 1. La peregrinación avanza lentamente, entre una abigarrada multitud de fieles. Luego de recorrer las calles del pueblo, la imagen llega nuevamente a la plaza. Allí se despide de nuevo con el sonido de bronces, cajas y bombos. Explotan petardos y se levantan pañuelos.

Las despedidas


El día 17 la imagen de la Virgen de La Tirana vuelve a su lugar y comienzan las despedidas. La tristeza embarga el corazón de los devotos que saben que ya todo ha terminado y deben volver al mundo profano.

image_pdfimage_print