• Fernanda Paúl
  • BBC News Mundo

Fue una imagen desoladora y que dio vueltas al mundo.

Colchones, frazadas, ropa, juguetes infantiles e incluso pañales pertenecientes a un grupo de venezolanos fueron quemados este sábado en la ciudad de Iquique, en el norte de Chile, en el marco de una manifestación contra los migrantes.

El ataque, que llevó a que la ONU expresara su preocupación por la «violencia y xenofobia» contra migrantes en el país, generó una fuerte controversia en medio de una delicada situación que viven algunas ciudades chilenas tras el fuerte aumento de extranjeros indocumentados que están llegando a este país sudamericano.

La mayoría de los migrantes arriban de Venezuela o Haití buscando una oportunidad, pero ante la imposibilidad de regularizar su situación, sumado a la falta de trabajo y una fallida inclusión social, terminan viviendo en campamentos improvisados en las calles.

¿Qué está pasando en Chile con los migrantes? ¿Cómo se soluciona un problema tan complejo como este y qué tanto apoyo recibió el ataque de Iquique entre los mismos chilenos?

Para responder estas y otras preguntas, en BBC Mundo hablamos con Carlos Figueroa, director de incidencia y estudios del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), una organización que ha sido clave en la ayuda y el estudio del fenómeno migratorio en Chile.

Carlos Figueroa, director de incidencia y estudios del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM).

¿Cuál es su evaluación de lo que sucedió en Iquique este fin de semana?

Lo que sucedió fue la acumulación de un proceso de mala gestión de una migración que viene sucediendo en Chile desde el año 2017 en adelante.

Una migración que es fundamentalmente venezolana, que viene escapando de un conflicto, y que por no llevar adelante una adecuada gestión, ocupando los instrumentos legales que tiene Chile para acoger, se terminan produciendo roces de convivencia que generan malestar en la población.

Eso ha sido amplificado por un discurso poco certero de las autoridades chilenas para referirse a la migración desde un punto de vista criminal y no desde un punto de vista humanitario, lo que ha conducido al odio, a la estigmatización, y a un aumento de una mala convivencia.

Algunas personas que apoyaron la marcha y el discurso antimigrante relacionan a los extranjeros con la delincuencia. Lo mismo sucede en otros países de América Latina. Sin embargo, las cifras contradicen esta afirmación pues, en el caso de Chile, diversos estudios señalan que los migrantes relacionados con la delincuencia no llegan al 3%… ¿Por qué existe esta percepción?

Uno de las grandes respuestas que dio el Estado de Chile a esta ola de migrantes fueron las expulsiones. Y en estas expulsiones se generó un relato de que quienes estaban llegando por pasos no habilitados eran traficantes o violadores o criminales. Eso fue generando una percepción pública que asocia la migración con el crimen. Y eso es absolutamente falso.

En la protesta habían personas con pancartas relacionando a los migrantes con delincuentes.

Es cierto que hay casos particulares de trata de personas, de tráfico, pero son las menos respecto a la migración que ha llegado. Los datos hablan de un porcentaje muy bajo de personas migrantes que cometen delitos, más bajo incluso que la proporción chilena. No hay ningún dato ni estudio que asocie a los migrantes con la delincuencia en una proporción mayor a la de los chilenos.

Gran parte de las personas que están ingresando a Chile están escapando de un conflicto, buscan ayuda humanitaria. Y esa voz no ha sido escuchada, más bien denegada. Para tener una buena convivencia, es poco deseable el discurso de las autoridades de asociar la migración al crimen.

¿Cómo se soluciona un problema tan complejo como este?

Hay distintas aristas. Primero, la solución pasa por el diálogo político diplomático internacional para abordar el origen de esta migración. Y ese es un aspecto relevante de conversación con Perú, Argentina, Colombia, Ecuador.

Porque muchos de los países de Sudamérica hemos recibido una migración muy fuerte de Venezuela y se requiere de un diálogo político para coordinar acciones, gestionar ayuda humanitaria en conjunto y establecer medidas concretas. Por ejemplo, el caso de Colombia que creó un estatuto especial para los venezolanos, para 1.700.000 venezolanos. Esos son ejemplos que internacionalmente puede ayudar para encontrar una salida pacífica al conflicto.

Y por otra parte, en el área interna, existe la necesidad de conducir este problema desde un punto de vista humanitario, lo cual implica que el nivel central, es decir el Estado de Chile, proporcione recursos para que los gobiernos locales establezcan albergues, generen espacios básicos de subsistencia y controles sanitarios, entre otras cosas. Es decir, establecer un camino que impida que las personas terminen en la calle, que es algo fundamental porque eso es lo que empieza a rozar la convivencia.

Por último, también es importante que Chile ocupe los instrumentos que tiene hoy: reconocer como refugiados a quienes son refugiados. El año pasado Chile reconoció a 7 personas como refugiadas y hubo más de 18 mil venezolanos que solicitaron el refugio.

Diversas personas y organizaciones en Chile han rechazado los hechos de violencia ocurridos en Iquique. ¿Cuál es la sensación que hay en este país al respecto?

Las regiones del norte de Chile viven con la migración desde hace más de 100 años, de una migración constante peruana, boliviana, de República Dominicana, Cuba, Haití y Venezuela, entre otros. Es decir, hemos tenido distintos momentos de migración y te diría que son pocas veces las que uno ve este tipo de reacciones tan violentas.

Antes de la marcha del sábado, varios migrantes que estaban viviendo en carpas en una plaza en el centro de la ciudad de Iquique habían sido desalojados por la policía.

Y muchas personas han salido a condenar este hecho porque no se sienten parte de esta violencia, incluso las personas que tienen malestar con la situación que se está dando en algunas calles del norte de Chile. La gran mayoría de Chile no comparte la violencia xenofóbica y racista del grupo que quemó las pertenencias de los migrantes.

Muchas personas se sienten avergonzadas y dolidas por esos hechos que ocurrieron en el norte de Chile.

Pero también hay quienes apoyan el discurso antimigrante. ¿Cuán preocupante es lo que sucedió en Iquique este fin de semana y cómo refleja esta polarización?

Tenemos que preocuparnos ante estas señales porque, aunque son escasas, significan que algo no estamos haciendo bien.

No podemos desconocer la importancia de estos hechos que dañan no solo la imagen de Chile sino que nos dañan como sociedad. Esta idea de que es más importante ser chileno que ser de otra nacionalidad nos empieza a deshumanizar.

También requiere de una voluntad grande de las autoridades que han fomentado discursos de criminalización que no han ayudado a este clima.

¿Hay discriminación en Chile contra los migrantes?

Creo que sí. Especialmente cuando se trata de migrantes que son pobres o que tienen una característica distinta a la que tiene el chileno de sí mismo. Ya sea de raza, color de piel o costumbre.

No hemos asimilado bien todavía el hecho de que Chile pertenece a un mundo global, y que la migración es un hecho consumado y que es positivo para las sociedades tenerlo. Aún tenemos muchos prejuicios y tenemos que abrir la mente para convivir con personas que son distintas. Es saber convivir en la diferencia.

En Chile ha habido un fuerte aumento de los migrantes que cruzan por pasos irregulares.

Y eso es algo que no solo tiene que trabajar Chile sino muchos otros países… lo que ocurre en Turquía o en España con África, todos los países tienen un desafío importante de trabajar que requiere una visión generosa. Una visión más de mundo.

Y ¿qué países pueden ser un ejemplo en la inclusión de migrantes?

Un país lo hace bien: Alemania. Ha tenido una política de apertura a la migración, con canales concretos de regularización y de inclusión.

Hay países que tienen una costumbre migratoria más asentada y que les permite sortear mejor las dificultades del camino. Porque tampoco es un camino fácil el construir países abiertos a la migración pero se puede lograr en la medida que uno elabora discursos y prácticas para construir la imagen de que Chile no va a dejar de ser Chile por recibir migrantes. Ni es más importante ser chileno que ser persona.

En las últimas semanas hemos visto una fuerte crisis migratoria de haitianos en la frontera entre Estados Unidos y México. Muchos de ellos provienen de Chile y Brasil. ¿Cómo ve esta problemática y cuál es la responsabilidad de Chile en ello?

La reacción que hubo en el estado de Texas, con personas que fueron tratadas como animales por la guardia, refleja otro de los países de la región que vive una situación crítica hace tiempo. Y eso generó una migración importante a distintas partes del continente.

En Chile hubo una respuesta diversa, surgieron varios problemas de inclusión, bastante discriminación. Hubo factores culturales, el idioma generó trabas en el proceso de inclusión y discriminación a la hora de encontrar trabajo o la convivencia en las calles. Y también dificultades en el proceso de regularización. Y todas estas cosas contribuyeron al fracaso.

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