El acoso sexual y otras formas de violencia sexual en los espacios públicos –urbanos o rurales– son un problema cotidiano al que se enfrentan las mujeres y niñas en todos los países del mundo. En Chile, el INE acaba de liberar cifras lapidarias en materia de seguridad y género.

Isabel Frías

Periodista U.C.

Una mujer no puede caminar, sola, y disfrutar del aire fresco de una noche de verano. Menos si es una niña o adolescente.

Si se atreviera a hacerlo, ¿es culpa de ella que sea acosada por extraños? 

Para el urbanismo con perspectiva de género la respuesta es una sola: Las ciudades y sus espacios públicos no son lugares seguros para las mujeres.

Esta afirmación corresponde a una constatación estadística de la división de estudios de ONU Mujeres. La entidad internacional sostiene, además, que existe cierto avance en la conciencia sobre la violencia doméstica, pero ello no sucede con el fenómeno del acoso y otras formas de violencia verbal y física que afecta a mujeres de todas las edades, en todas partes del mundo, en ciudades grandes o pequeñas, en entornos urbanos o localidades rurales.

“Las mujeres y niñas sufren (…) desde comentarios y gestos desagradables de índole sexual hasta la violación y el feminicidio. Sucede en las calles, en el transporte público, las escuelas, los lugares de trabajo, los aseos públicos, los puntos de distribución de agua y alimentos y los parques, así como en las inmediaciones de todos estos lugares”, afirma el organismo, el cual alerta sobre las consecuencias del fenómeno: “Reduce la libertad de circulación de las mujeres y niñas. Limita su capacidad de participar en la educación, el trabajo y la vida pública. Dificulta su acceso a servicios esenciales y el disfrute de actividades culturales y recreativas”, acusa ONU Mujeres. 

En resumen, las mujeres deben limitar su calidad de vida y libertad de desplazamiento para poder conservar su integridad más personal.

LAS CIFRAS CHILENAS

En relación a este tema, y coincidiendo con los hitos que trae marzo, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) chileno ha liberado cifras muy reveladoras que evidencian la seguridad (e inseguridad) que se vive en el ámbito urbano y cómo existen diferencias significativas en el impacto sobre la vida de los hombres y las mujeres.

Dicho organismo entregó los resultados de la XVI Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana 2019, donde se determina estadísticamente que –por cada 100 hombres que declaran percibir inseguridad– existen 169 mujeres que perciben inseguridad en un taxi, 123 en un paradero, 145 al interior de las micros, 127 en las calles de su barrio, 143 en centros comerciales y 123 en terminales de buses.

De acuerdo al INE, los números que arrojó este estudio demuestran que no se trata de una sensación de inseguridad o apreciación sin fundamento la que “perciben” las mujeres en estos lugares, sino que las mujeres son efectivamente más víctimas de delitos los hombres en las calles.

Se trata de un fenómeno cultural de repercusiones bien concretas para el género femenino. 

De partida, el sentir miedo invisible y siempre latente a los espacios públicos lleva a que las mujeres prefieran permanecer en lugares cerrados y resguardados. Asimismo, desde niña y adolescentes, se va conformando un cierto hábito a evitar calles, parques, plazas, vehículos y áreas de transporte público, especialmente por las noches. Incluso el acoso sexual arraigado en la cultura de una parte importante de la población masculina, lleva a las mujeres a planificar (o desechar) la realización de actividades físicas tan simples como correr o andar en bicicleta.

Una voz de alerta que, de acuerdo a las organizaciones no-gubernamentales enfocadas en este tema, impone urgentes desafíos a crear nuevas políticas públicas que promuevan la seguridad de las mujeres.

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