El cambio climático en las últimas décadas ha creado una nueva agenda de cuidado del medio ambiente y sus ecosistemas. La economía circular y el crecimiento carbono neutro se posicionan como desafíos para avanzar en la agenda de sustentabilidad.

Cada año se celebra el Día de la Tierra con el objetivo de crear conciencia frente a problemas como la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger el planeta. Los incendios en Australia y Estados Unidos, el paso del huracán Iota por el Caribe, entre otras catástrofes, son un llamado para encontrar alternativas de producción amigables con el medio ambiente y la naturaleza.  Es el caso del modelo de Economía Circular, un concepto con el cual se reduce el consumo de recursos naturales y genera oportunidades para la innovación, incrementar la competitividad y favorecer la generación de empleo. 

Actualmente solo el 18 % del plástico en el mundo es reciclado, y en el caso concreto de Chile un estudio elaborado en 2019 por la Asociación Gremial de Industriales del Plástico[1] señala que en el país se reciclan a cerca de 83.679 toneladas de plástico al año, lo cual representa un 8% del consumo aparente de este material. En este sentido, la Economía Circular es un modelo que permite minimizar el desperdicio final de los procesos productivos, de tal modo que se logra mayor eficiencia, al tiempo que se disminuye el impacto al medio ambiente.

La circularidad no es un concepto nuevo; sin embargo, aún son pocas las compañías en el mundo que han logrado establecer este modelo en sus procesos productivos. La transición a un modelo circular exige cambios no sólo en la estructura actual de producción a cargo de las empresas, sino también en el marco regulatorio ambiental y en los hábitos de consumo, en el que los usuarios dejan de ser el último eslabón de la cadena de producción y pasan a ser un elemento central para cerrar el ciclo, cooperando en la recuperación de materiales, que pueden ser reciclados o reusados en futuros ciclos de producción. La economía circular es parte de nuestro ADN, por medio de nuestro sistema, denominado Verbund, se da una integración física de la producción, en la que se minimiza el desperdicio, se convierte en materia prima de un proceso posterior, logrando eficiencia incluso energética en nuestros sitios productivos.

Adicional a la hoja de ruta para la estrategia de economía circular que ya tiene Chile, es necesario que el sector empresarial tenga una participación activa en esta transformación, generando inversión y empleo para engrandecer el potencial de los negocios sostenibles.  La economía circular debe seguir siendo una apuesta prioritaria del sector empresarial, con miras hacia un mayor crecimiento en términos económicos y sociales, pero también hacia el logro de un impacto ambiental realmente positivo que beneficie a todos los actores de la cadena y en general a la sociedad. Con esto en mente, para 2021, BASF creó un fondo de recursos global de 5 millones de euros para incentivar proyectos de economía circular formulados por equipos internos junto a clientes alrededor del mundo, así como financiarlos en su desarrollo.  Así para 2030 el objetivo de la compañía es duplicar las ventas generadas con soluciones para la economía circular a € 17 mil millones, concentrando sus esfuerzos en tres áreas de acción: materias primas circulares, nuevos ciclos de materiales y nuevos modelos comerciales.

Cero emisiones netas para 2050

Bajo la misma línea, recientemente BASF anunció los objetivos fijados para su camino hacia la neutralidad climática y quiere alcanzar cero emisiones netas para 2050. Con el nuevo anuncio, la compañía espera reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero en un 25% en comparación con 2018. Ese nuevo objetivo corresponde a reducir por la mitad las emisiones de CO2 en las operaciones actuales al final de esta década. Para lograr estos resultados, BASF planea invertir aproximadamente €1000 millones de euros para 2025 y, de €2000 a €3000 millones de euros, para 2030.

El nuevo objetivo de emisiones para 2030 representa una reducción de aproximadamente el 60%, en comparación con los niveles de 1990, que supera el objetivo de la Unión Europea de menos 55%.

El cambio climático constituye el mayor reto del siglo XXI. En consecuencia, debemos adaptar nuestros procesos y nuestra cartera de productos. Para acelerar esta transformación BASF incrementará el uso de energías renovables. Y acelerará el desarrollo y la aplicación de nuevos procesos libres de CO2 para la producción de sustancias químicas. Asimismo, con transparencia y propuestas para reducir sistemática y progresivamente la huella de carbono de los productos BASF en toda la cadena de valor, ayudamos a nuestros clientes en todos los sectores a reducir la huella de carbono de sus propios productos.


[1] Estudio Asociación Gremial de Industriales del Plástico

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