Difundir a través de un documento de análisis y un cortometraje documental la importancia que tienen los denominados “lugares de memoria” que existen alrededor del poblado de Quipisca y relevar sus vínculos con la identidad y las formas socioecológicas de quienes habitan la quebrada homónima, son algunos de los objetivos del Proyecto Awki, Espíritus Protectores.

Una iniciativa impulsada por el Área de Patrimonio de la Comunidad Indígena Quechua de Quipisca, quienes junto a un equipo interdisciplinario de profesionales de diversas áreas, lograron adjudicarse un Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Fondart.

“La intención nuestra es explicitar la interconexión existente entre el paisaje cultural y sus materialidades, conectando los cerros sagrados, los geoglifos, los petroglifos y los senderos con la forma de vida en comunidad”, sostiene el presidente de CIQQ, Wilfredo Bacian Delgado, quien advierte que dentro del proyecto abordado gracias a la línea de Pueblos Originarios adquiere mucha relevancia la figura de los Apus Sagrados o Santuarios de Altura.

“Sucede que en nuestra memoria social existen saberes específicos asociados a formas de leer el paso del tiempo por medio de la observación solar, las que tienen su expresión material en aquellas estructuras de piedra de diferentes formas que se ubican en la cima de nuestros cerros tutelares, las mismas que tendrían correlación con las que el inca denominó Saywas”, explica Bacian, quien manifestó que se trata de formaciones antiquísimas que además de denotar usos ceremoniales, guardan secretos ancestrales que vinculan lo terrestre con el cosmos.

“Todo este camino que hemos avanzado en el campo patrimonial es el resultado de una senda que nos trazamos desde el 2012 con la consolidación de un Plan de Desarrollo Comunitario que indudablemente debía considerar un equipo interdisciplinario de trabajo, el que más allá de ubicar, cuantificar, proteger y resguardar diversos sitios arqueológicos o de memoria comunitaria que pudieran encontrarse alrededor del valle y en el territorio demandado por la comunidad, se ha encargado de profundizar y vincular aspectos relacionados a nuestra identidad Quechua, la memoria y el paisaje cultural del territorio que nos dejaron como legado cultural nuestros ancestros”, concluyó Bacian.

Por su parte el coordinador de dicha área patrimonial de la Comunidad Indígena de Quipisca, Roger Hidalgo, señala que Awki, en lengua quechua, tendría diferentes acepciones como, por ejemplo: anciano, consejero, hijo del inca, dios o espíritu de los muertos.

“Lo que hicimos fue tomar esta significación para englobar la conexión con el territorio y sus entidades, siendo los Apus, Huacas y Santuarios de Altura los puntos claves donde se manifiesta ese vínculo con los espíritus ancestrales protectores”, comenta Hidalgo, quien asumió el desafío de revitalizar los usos, representaciones, expresiones, edificaciones y técnicas junto a otros tres monitores patrimoniales que forman parte de la comunidad: Alvaro Bacián, Chistopher Astudillo y Eduardo García.

Documentos y documental

Cabe destacar que el proyecto también apunta al trabajo centrado en el diálogo de saberes entre los conocimientos locales de la identidad quechua y los aportes de profesionales de diferentes áreas, donde destacan la geógrafa Francisca Caniguan, el arqueólogo César Pinochet, el antropólogo y cineasta documental Jaime Díaz y el también antropólogo Andrés Moraga.

“Nos pareció relevante documentar y difundir esta importantísima relación espacial que nos habla de un paisaje ritual, el cual está en constante amenaza por manos de la minería presente en el territorio, representada por BHP Cerro Colorado, quienes ya han destruido buena parte del patrimonio local, como es el caso de Cerro Negro, un Apu importante en la conexión de los Santuarios de Altura que contaba con una alta concentración de geoglifos”, dice Moraga, quien explica cómo se condensará la información obtenida en dos productos bien definidos.

“La primera es un documento resumen que considera tanto el análisis proveniente de fuentes secundarias, como también del relato de la misma comunidad, además de fotografías aéreas y cartografías. Junto con esto, se está trabajando en un cortometraje documental que da cuenta de esa relación espacial que tiene la comunidad con su territorio”.

-¿Qué duración tendrá?

“Serán aproximadamente 15 minutos de un documental que esperamos presentar en diferentes festivales de cine a nivel nacional e internacional, motivo por el cual contamos con el apoyo de un cineasta documental especialista en las temáticas de pueblos originarios que ha tenido experiencias tanto en Chile como en el extranjero. La idea es registrar el territorio con sus lugares de memoria, pero también, su relación con las acciones que realiza la comunidad en la protección de su patrimonio”.

Acción y reflexión

En cuanto a las expectativas que se han generado, Roger Hidalgo espera que el material sea un aporte para la comunidad y un remezón para contribuir a la defensa del territorio. “También esperamos que mediante lo recopilado podamos llegar a un público más amplio, pues pensamos en algo más masivo y vinculado a los establecimientos educacionales, comunidades de pueblos originarios y sociedad en general. En ese sentido, los festivales de cine indigena serían una buenísima plataforma para compartir nuestros saberes territoriales, aunque también las redes sociales serán claves en este proceso debido a la pandemia generada por el Covid -19”.

-Tiene un trasfondo educativo entonces.

“Claro, como es un proyecto Fondart, implica la transmisión de los resultados a una audiencia escolar, por lo que hemos considerado llegar hasta las escuelas de la comuna mediante una coordinación con la Corporación Municipal de Pozo Almonte, Cormudespa. Aunque debido a la contingencia sanitaria, que no permite la realización de charlas tan masivas, consideramos justamente que la puesta en escena del documental va a ser clave”.

-Expectativas igual de altas entonces.

“Claro, pensamos en los niños y niñas de nuestra comunidad, ya que el proyecto será pieza clave en la transmisión de los saberes de nuestro territorio a las futuras generaciones. Además, una vez concluido el proyecto, haremos una jornada de reflexión comunitaria donde expondremos los alcances recogidos en este proceso que viene a complementar nuestro trabajo de más de siete años de puesta en valor del patrimonio cultural quechua de Quipisca”.

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