En Italia, la “Operación Atacama” impidió la venta avaluada en más de 1,2 millones de dólares en el mercado negro de cactus. Al desastre ambiental que implica este delito, se suma una nueva dimensión ética: Personas –de todo el mundo y con gran poder adquisitivo– están dispuestas a pagar por plantas nativas que han evolucionado en un entorno adverso, durante millones de años. 

El cuatrimestre de enero-abril 2021 finalizó con una estadística para Tarapacá relacionada con el medioambiente, pero particularmente con todo el Desierto nortino: En dicho período, Italia devolvió a Chile 844 ejemplares de cactus que fueron arrancados de su hábitat por mafias de traficantes dedicados a saquear y luego comercializar estas especies en el mercado negro internacional. 

En este caso específico –que es la punta del iceberg de un negocio ilícito mayor– los funcionarios públicos del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la Corporación Nacional Forestal (CONAF) recibieron “en cajas” un conjunto de ejemplares de Copiapoas y Erisyce

La historia de ese decomiso podría fácilmente convertirse en un libro de intrigas o en una serie de televisión, ambas con una trama espeluznante y que sorprendería a la ciudadanía por el alcance delictual, sino además porque proporciona luces de cómo la depredación del planeta ha ido adquiriendo ribetes éticos e incluso morales insospechados: Este  decomiso nos señala especies que fueron salvadas del tráfico ilegal; sin embargo, queda como incógnita la cifra real de comercio ilegal que logró concretarse a espaldas de la Ley, porque los cactus no pudieron ser detectados por la fuerza policial y hubo “alguien” que compró un producto que no es comercializable. O que no debería serlo. 

DEL MAR ADRIÁTICO A CHILE 

Tan solo respecto de la incautación, hay que precisar que fue un procedimiento más amplio desplegado en la llamada “Operación Atacama”, la que tuvo bastantes complejidades, demandando el apoyo de un mundo científico y académico especializado y del más alto nivel.  

Si bien el reciente retorno a suelo chileno contempló 841 cactus, se decomisaron más de 1.000 especies (algunas verdaderamente excepcionales) que fueron valoradas en más de 1,2 millones de dólares en el mercado negro o informal: Aunque la amplia mayoría fueron saqueadas en el extenso desierto chileno, había un pequeño número proveniente también de otros países, pero todo indica que el interés se centra en nuestras especies locales. 

Dicha labor fue liderada en parte importante por la Unidad Ambiental de los Carabinieri de Ancona, una localidad de ensueño del norte italiano, que mira hacia el Mar Adriático. Y se efectuó entre los meses de febrero y noviembre del año pasado, lo cual permite trazar diversas hipótesis sobre el circuito que están recorriendo los traficantes de cactus para transportar por vía marítima (muy probablemente) estas plantas, y luego de desembarcar en esta ex colonia romana, vender y distribuir en el resto de Europa y Asia. 

Según se indicó, una vez concretada la incautación por los agentes itálicos, los cactus estuvieron “en tránsito” en el Jardín Botánico Città Studi de Milán, bajo el seguimiento y apoyo del Grupo de Especialistas en Cactus y Plantas Suculentas de la CSE de la UICN (CSSG). Fue esa entidad la que tomó contacto con la Universidad de Concepción, quienes procedieron a coordinar los no pocos trámites que implicaba una repatriación de elementos silvestres vivos encontrados –en su momento– bajo condiciones de evidente deterioro. 

EL CRIMEN ORGANIZADO 

“He aquí un organismo (el cactus silvestre chileno) que ha evolucionado durante millones de años para poder sobrevivir, en las condiciones más duras que se pueden encontrar en el planeta, pero que termine su vida de esta manera: como un objeto para ser vendido”, se lamentó ante la prensa el experto italiano en la materia, Andrea Cattabriga, quien ayudó en este operativo, principalmente para identificar cada una de las especies y estado vital. 

Dicho científico recordó que lo que hoy acontece con este tipo de flora –muy típica de nuestra pampa y desierto– se enmarca en un negocio multimillonario del crimen organizado mundial; ése, que gracias a internet y las facilidades del transporte global, realiza similar depredación con los huesos de tigre, el marfil de elefantes, los cuernos del rinoceronte o las escamas del pangolín. 

Por alguna razón, hizo presente, existen personas con alto poder adquisitivo que están dispuestas a pagar por especies salvajes y por plantas tan exóticas como escasas. 

Haciéndose eco de este delito medioambiental, la prensa estadounidense hace algunos días se pronunció a través del propio Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.  

En la ocasión, el agente especial de ese organismo, Eric Jumper, enfatizó que los cactus y otras suculentas están entre los “productos” más buscados por los traficantes en todo el mundo, así como las orquídeas. Mención aparte merecen ciertos coleccionistas (bizarros) que incluso buscan comprar plantas carnívoras, con el único afán de exhibir en sus residencias particulares, a modo de “entretenimiento”. 

Para poner en perspectiva la dimensión de ética ambiental que tiene la “Operación Atacama”, se debe precisar que Chile no exporta legalmente cactus ninguno, que éstos se encuentran en calidad de especies protegidas y que –además– algunas de estas plantas requisadas en la redada italiana tenían más de un siglo de antigüedad.  

Aunque –claro – la Ley chilena vigente en esta materia no es lo robusta que requieren los tiempos actuales y las “eventuales” penas son, en verdad, insignificantes y no asustan a nadie.  

Es por ello que este exitoso trabajo policial marcó un hito –un antes y un después–porque representa la mayor incautación internacional de cactus en casi treinta años y demarca dónde deberá poner la atención, tanto la ciudadanía con conciencia ambiental como el legislador. 

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